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Pasos para conseguir la certificación energética.

No puede haber ni venta ni alquiler de una vivienda o local sin certificado energético; es decir, una “etiqueta” que refleja el comportamiento energético del inmueble y conseguirlo es sencillo, si se sabe cómo, según el Gabinete Técnico del Colegio de Aparejadores de Madrid que ha resumido el proceso en cinco pasos.


Primero: Identificar a un técnico competente.

Las Comunidades Autónomas están obligadas a elaborar un registro de profesionales habilitados para hacer estas certificaciones y cada Comunidad tendrá que definir un órgano competente. En el caso de Madrid es la Dirección General de Industria, Energía y Minas. Hay que consultar este registro para asegurarse de que la certificación la realiza un técnico acreditado.

Certificado energético



Los arquitectos técnicos o aparejadores son una de las profesiones habilitadas para efectuar estos certificados, así como los arquitectos y los ingenieros industriales. En los colegios profesionales facilitan información.

Segundo: Solicitar presupuesto y concertar una cita con el técnico.

El precio del certificado es libre, lo que ha dado pie a ofertas de dudosa fiabilidad. Dado que e incluye recomendaciones para mejorar la eficiencia, algunos están ofreciendo el certificado gratis a cambio de ejecutar después las obras de reforma que se recomiendan. En otros casos, hay ofertas que garantizan de antemano una certificación positiva,

Cada gobierno regional aplicará un sistema de control de los certificados, y si se identifican incoherencias, se comunicarán al propietario, que tendrá un plazo de subsanación o presentación de alegaciones antes de proceder, en su caso, a modificar la calificación.

Por tanto, los aparejadores alertan de que hay que desconfiar de certificaciones que no sean exhaustivas y puedan estar condicionadas por la oferta de obras posteriores.

Aconseja que se pidan varios presupuestos. Deben visitar la vivienda o al menos conocer sus características básicas. Como es obvio, el trabajo que conlleva analizar el rendimiento energético de una vivienda de 80 metros cuadrados no es el mismo que el de un unifamiliar de 200 metros.


Tercero: Comunique el certificado a la Comunidad Autónoma.

Una vez el técnico que ha contratado evalúa la vivienda y elabora el certificado, hay que comunicarlo al organismo competente en cada Comunidad Autónoma. El certificado no tiene validez hasta que no es revisado por la Administración, que comprueba que la evaluación se ha ejecutado de forma correcta y que la calificación de la vivienda es la adecuada. De ahí la importancia de haber efectuado una calificación exhaustiva.

Esta comunicación implica a su vez unas tasas, definidas por cada Comunidad. La comunicación puede hacerla un tercero o el propio técnico si lo incluye dentro del paquete de servicios.


Cuarto: Recibir el número de registro

En el plazo de unos dos días hábiles (dependerá de cada Comunidad Autónoma), obtendrá la etiqueta energética con el número de registro asignado, lo que significa que la vivienda ya está certificada y registrada con la supervisión administrativa correspondiente.

Desde que la norma entró en vigor, las Comunidades Autónomas están obligadas a crear un registro público con los inmuebles acreditados y su correspondiente calificación energética, a los que se les asigna un número de registro.

El certificado de eficiencia energética tendrá una validez máxima de diez años, siendo el propietario el responsable de su renovación. No obstante, el propietario puede actualizarlo voluntariamente si hace una reforma o considera que existen variaciones en aspectos del edificio que puedan modificar su calificación energética.


Quinto: Incluir el certificado en los anuncios de venta o alquiler

El Real Decreto establece que la etiqueta energética debe incluirse en toda oferta, promoción y publicidad dirigida a la venta o alquiler. La normativa aún no ha concretado cómo, pero cuando se venda o alquile, el vendedor debe entregar el certificado al comprador o arrendatario.

El Gabinete Técnico del Colegio de Aparejadores de Madrid recuerda que la calificación A es la más alta y va descendiendo hasta la G. Las letras responden a indicadores de kilos de emisión de CO2 por cada metro cuadrado de edificio, relacionados con las demandas o necesidades energéticas, y los rendimientos de los equipos e instalaciones.